miércoles, 21 de junio de 2017

La verdadera riqueza

De pequeña siempre creí que mi mayor tesoro
eran mis muñecas y mis peluches
a los que cuidaba con mimo y dulzura.

Como toda niña, jugaba con ellos, los vestía...
En definitiva, los cuidaba porque eran mi gran tesoro.

Con el paso del tiempo, mi percepción empezó a cambiar...
pues creía que mi mayor tesoro eran mis libros y otro par de posesiones más.

Ahora...

Ahora me doy cuenta de que me engañaba a mí misma todo el tiempo.

Mi tesoro más grande está compuesto de nombres propios, con acciones y palabras. 

Mi mayor tesoro es lo que más tiempo me ocupa,
lo que más cuido...
y os voy a decir por qué está compuesto.

En mi baúl del tesoro tengo a mis ángeles de la guarda, 
uno de ellos, por desgracia, ya es un angelito del cielo.

También están mis cuatro soles y mis dos pequeños terremotos 
porque cada uno de estos seis, aunque alguno lo desconozca, son mi perdición.

Y eso no es todo, después tengo a un loquito que es mi compañero de vida, de baile y que no me puede faltar ni un día.

Además de mis tres incondicionales que me esperan esté en la parte del mundo en la que esté y que hacen un hogar de un pisito de Triana.

Otra pieza muy importante es mi compañera de viajes y aventuras; mi terremoto y mi calma a la vez; esa que ha dejado marcas profundas en tiempo récord.

Y, por último e igual de importantes, mi despegaita, mi chochi y mis hermanas pequeñas. Esas con las que las noches son eternas y quienes me hacen reír hasta que duele.


Así que soy inmensamente rica, mi baúl está repleto
y nunca me había dado cuenta...

hasta que, un día,
 me detuve a ver fotos.













No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu granito de arena