miércoles, 27 de julio de 2016

Posibles efectos secundarios si consume amor y soluciones posibles.

Todo en esta vida tiene un lado reversible. Ese es el caso del amor.

El amor debe cocerse en un recipiente, en el que no quepan más de dos porciones, a fuego lento. Se necesita añadir a su debido tiempo dosis de: cariño, complicidad, confianza, risas, etc. 
Pero debe tenerse especial cuidado porque, en cualquier momento, se derrama algo no indicado y se va todo el trabajo al traste.

El amor es uno de los aspectos humanos más complejos. 

El problema base es cuando se acaba, porque el amor, alguna que otra vez, acaba. Y aún peor es que siempre uno de los dos implicados acaba mucho más devastado que el otro. Es exactamente el que acaba más afectado por el huracán del amor el que tiene más difícil una solución. 

Aún así existe un remedio:

Llorar ríos, mares y océanos hasta que su alma expulse todo el dolor; unos amigos que siempre estén dispuestos a escuchar, abrazar, mimar, hacer reír o dar cariño hasta asegurarse de que las heridas del corazón están bien selladas; chocolate y otros alimentos compuestos por azúcar en cantidades indecentes; y, por último, reflexionar hasta recordar que, ante todo, el amor debe ser a uno mismo y después a los demás.



-a CFS

miércoles, 20 de julio de 2016

Reflexión instantánea

Es curioso cómo hace un año decía que eras mi ángel.
Pero es aún más curioso cómo, ahora, ni siquiera te digo.

Somos tan estúpidos que creemos que nos morimos por perder a alguien.

Sin embargo, eso sólo ocurre, porque nos olvidamos de que nuestro amor verdadero somo nosotros mismos. 
Mi máxima en la vida es no volver a olvidar que lo que más me importa en esta vida soy yo misma; que mi primera prioridad soy yo; y que no hay amor más profundo que el que yo misma debo tenerme.

Somos tan estúpidos que creemos que alguien muere por nosotros.

Nos creemos toddas esas memeces de cuentos en las que los jóvenes enamorados mueren por el amor que se tienen.

Jamás el amor debería ser una excusa para algo injustificable.

Jamás los cuentos de princesa se cumplen.
Jamás si no te crees, realmente,
 la princesa de tu propio cuento.

miércoles, 13 de julio de 2016

Días de muerte

Hay días en los que es necesario reflexionar.


Hay días en los que, nada más abrir los ojos, tomas consciencia de que nadie está a salvo de la muerte en ningún momento. 

En esos días te planteas mil millones de cosas en las que gastas tu tiempo. Te replanteas hasta las cosas que más te apasionan en la vida.
Una persona sabia que conozco siempre dice que la reflexión y la meditación nunca está de más, de vez en cuando.
En esos días pienso tan intensamente y urgo tanto en todos y cada uno de los sitios de mi mente que, como no podía ser de otra manera, acabo liberando a los demonios sin darme cuenta.
Antes de que me de lugar a reaccionar estoy perdida.
Los demonios me agarran y empiezan su particular fiesta en la que se apoderan de mis sentimientos dejándome aturdida y sin lugar a dar marcha atrás no me queda otra opción que rendirme a sus crueles caprichos y dejar que se debiliten.
Y entonces encerrarlos.



Los demonios, al fin y al cabo, son míos.

miércoles, 6 de julio de 2016

Preparativos antes de partir

La ida es un hecho ya irremediable

Aún no consigo asimilar la idea de que en unos escasos meses voy a emprender la que será una de las mayores aventuras de mi vida.

No paro de pensar que me dejo una familia en mi preciosa Triana. 
Me da pánico saber que mis pupilas volverán a estar alejadas durante todo un curso. 
Se me quedará lejos también una ratoncilla poeta que va de un lado a otro arrasando mientras escribe. 
Me dejo mis sonrisas diarias de clase con la pena más grande del mundo. Tampoco me voy a poder llevar a un productor musical y cinematográfico que es un torbellino constante de creatividad y risas. 
Se me va media vida a otras partes del mundo a vivir la misma aventura.
Me cuesta pensar que será de mí sin mis hermanas. No me quiero imaginar cómo voy a hacer para que no notar tanto allí
 la ausencia de mis madres.
Y, sobre todo, me da pena dejarme otras muchas personas que quiero como a mi vida.


Sin embargo, lo que más miedo me provoca.
Lo que más temo es que, de repente, cuando vuelva, no me queden algunas o muchas de las personas que dejé. Me da miedo volver y no reconocer nada, porque todo ha cambiado.